Qué le ocurre al ser humano cuando externaliza partes de su inteligencia
Una reflexión personal sobre las posibilidades y los riesgos de buscar comodidad y eficiencia con la inteligencia artificial.

Esta mañana leía sobre cómo la IA está afectando al crecimiento profesional de la Generación Z.
En la encuesta global de Deloitte sobre la Generación Z y los millennials, uno de cada cuatro jóvenes decía que la IA podía acelerar su crecimiento profesional y ayudarle a adquirir experiencia más rápido. Al mismo tiempo, un artículo del World Economic Forum hablaba de cómo las personas que empiezan su carrera están asumiendo responsabilidades más grandes mucho antes, con todo lo bueno y lo malo que eso puede traer.
Me pareció una noticia con una doble lectura.
Por un lado, positiva, porque veo y escucho cómo a personas de mi generación les está costando progresar profesionalmente. Solo hay que entrar en LinkedIn para ver que cualquier oferta atractiva tiene más de 100 solicitudes apenas dos horas después de publicarse. La competencia es feroz y, a veces, por pensar que el de al lado es una amenaza, se crean situaciones nada agradables.
Si la IA permite que una persona de la Generación Z asuma antes un puesto de responsabilidad y lo desempeñe correctamente, me parece una gran noticia. Puede facilitar que más jóvenes ocupen posiciones de liderazgo en compañías importantes y que se abran oportunidades para otros que todavía no las están encontrando.
Por otro lado, la noticia me hace dudar.
Que una tecnología aporte confianza a las personas para realizar su trabajo es algo positivo. Pero si esa confianza viene de poder hacer cosas que no entendemos del todo, creo que hay que tener cuidado.
Estamos en un momento en el que formarse y tener conocimiento me parece más relevante que nunca. Porque ahí la IA sí puede hacer verdaderos “milagros”.
Hacer algo no es lo mismo que entenderlo
Si nos enfrentamos a algo sobre lo que tenemos poco o ningún conocimiento, por mucha potencia que tenga la IA, el resultado no dejará de ser relativamente estándar.
Esto es como todo. Si pretendemos tener un buen estado de forma, pero no entrenamos, no cuidamos la alimentación y tenemos una rutina poco saludable, es probable que no logremos nuestro objetivo.
Llevado al mundo empresarial, si a mí me pidieran hacer un análisis del mercado de la industria aeronáutica para dentro de cuatro días y nunca hubiera visto algo parecido, podría sacar con ChatGPT un buen informe. Pero de ahí a poder defenderlo o a que el informe contenga mi propio criterio hay una distancia bastante grande.
Lo mismo ocurre al tomar decisiones. Si pasamos de un puesto sin responsabilidad a otro en el que cada día puede aparecer un riesgo distinto, probablemente nos sintamos abrumados y con una presión innecesaria encima.
La IA puede aconsejarte, pero si se equivoca o tú tomas una mala decisión, la responsabilidad cae sobre ti. Y cuando vuelvas a consultarla seguramente te dirá algo como: “Uy, lo siento mucho. Tienes razón en que me he equivocado. Lamento el fallo. ¿Quieres que te dé tres opciones alternativas para que la próxima salga mejor?”.

Para mí, el proceso sería más así:
- Me piden algo que no conozco para nada.
- Investigo sobre el tema, con ayuda de la IA si quiero.
- Aprendo sobre el tema. También puedo apoyarme en la IA, pero contrastando y sin creer todo lo que me diga como una verdad absoluta.
- Entiendo el valor que aporta.
- Lo integro en la forma de trabajar de la compañía y en la mía propia.
- Empiezo a hacer la tarea.
A mí también se me puede olvidar alguno de estos pasos. Y tampoco pasa nada si dedico el tiempo necesario a entender realmente qué estoy haciendo. Pero, al final, cuando queremos ser buenos en algo, el tiempo es clave.
El mes que dediqué a preparar una charla
Hace un par de meses, Andy y yo dimos una charla en el Innovation Summit de ITH en Madrid. Allí se juntaban muchos hoteles para entender tendencias y, sobre todo, para hablar de IA.
Nos tocó hablar de branding y de inteligencia artificial. Ya se imaginan de qué habló más cada uno.
Fue bastante interesante y creo que la gente se llevó información útil de la charla. Lo que no saben es que, para preparar una parte, estuve alrededor de un mes estudiando SEO y AEO. Quería poder hablar con propiedad, sin inventarme ideas o conceptos.
¿Lo hice con ayuda de la IA? ¡Sí!
Yo ya conocía los conceptos de SEO y AEO, que sería algo así como el SEO para la IA, pero tampoco mucho más. ¿Qué hice entonces?
- Investigué sobre el tema. Busqué fundamentos y bases que no podían faltar. Con ayuda de la IA, creé un prompt maestro que me permitió analizar los recursos gratuitos que había disponibles en Internet.
- Después usé Claude Code. Le pedí que me creara un curso de tres semanas de SEO y AEO adaptado a mi perfil y a mi forma de trabajar, basado en esos recursos. Tenía tests para evaluar conocimientos, un bloc de notas y un tracker para saber por dónde iba.
- Empecé a hacer el curso. Descubrí herramientas, formas de trabajar, maneras de entregar conocimiento a través de informes y el valor de cada parte.
- Con eso entendí cómo podía servir de cara a TOTEM Branding y a la charla de ITH.
- Empecé a hacer pruebas con nuestras propias plataformas para ver el impacto que podía llegar a tener.
- Creé las diapositivas sobre SEO y AEO para ITH.
Esto lleva bastante más trabajo que pedir un análisis profundo de SEO y AEO y empezar a hablar de teoría sin resultados probados. Pero el resultado también se nota en el impacto y en la autoridad con la que uno lo cuenta.
La mejor herramienta para hacer algo rápidamente puede ser una mala herramienta para aprender a hacer esa misma cosa.
¿Me aportó más confianza hacerlo así? Sin duda.
¿Podría haberlo hecho igual, sin ayuda de la IA y en el mismo tiempo? Lo más seguro es que no.
Por eso, cuando una tecnología nos facilita los procesos de aprendizaje, de prueba, de hacernos preguntas y de mejorar en algo, bienvenida sea siempre.
Externalizar partes de nuestra inteligencia
Pensando en todo esto llegué a la escritura.
En el Fedro de Platón, Sócrates cuenta el mito de Theuth y Thamus. La idea que aparece allí no es exactamente “la escritura nos debilita como especie”, aunque muchas veces se resuma así. La advertencia era que confiar en signos externos podía hacernos practicar menos la memoria y darnos una apariencia de sabiduría sin tener sabiduría real. El texto sigue siendo bastante actual.
Pero los libros también nos permitieron transformar nuestro conocimiento en algo compartido con más personas de la época y, sobre todo, con personas de futuras generaciones. La escritura se convirtió en una forma de almacenar conocimiento fuera de nuestra cabeza.
Hoy la psicología llama descarga cognitiva a algo que hacemos constantemente: usar elementos externos para reducir el esfuerzo mental de una tarea. Una agenda, una calculadora o un mapa también externalizan partes de nuestra inteligencia. Y eso no es necesariamente malo.
La IA puede hacer esto, pero también puede participar en el proceso de pensamiento. Dependiendo de cómo la usemos, nos debilita o nos fortalece.
Ya empiezan a aparecer algunas señales. Un experimento publicado en PNAS encontró que los estudiantes que usaban una IA sin demasiados límites resolvían mejor los ejercicios mientras tenían acceso a ella, pero rendían peor cuando después debían trabajar solos. Cuando la IA estaba diseñada como tutor, el efecto negativo se reducía. Hacer mejor una tarea y aprender a hacerla no siempre son lo mismo.
Otro estudio de Microsoft Research encontró una relación entre confiar más en la IA y declarar un menor esfuerzo de pensamiento crítico. Es una correlación basada en lo que contaban los participantes, no una verdad definitiva, pero me pareció una señal interesante.
Ahora supongamos que dentro de 30 años existe una IA que:
- Sabe absolutamente todos los hechos conocidos.
- Razona mejor que cualquier ser humano.
- Nunca comete errores lógicos.
- Puede generar infinitas ideas.
- Puede conectar cualquier disciplina con cualquier otra.
- Puede responder cualquier pregunta.
Y tenemos acceso gratuito a ella de forma indefinida.
Ahora la moda son los agentes, capaces de hacer muchas cosas con un solo prompt. Pero ¿y si esto es una señal de que la capacidad de hacer muchas cosas y de orientar el camino tiene que venir de nuestra parte?
Por mucha autonomía que tenga la IA, si no estamos preparados para manejar algo tan potente, no seremos capaces de sacarle verdadero provecho.
¿Qué capacidades humanas querrías conservar, aunque la IA las hiciera mejor?
Gracias por leerme.
Fuentes y lecturas
Deloitte, 2026 Gen Z and Millennial Survey
World Economic Forum, The AI-related leadership crisis that's only five years away
Risko y Gilbert, Cognitive Offloading
Bastani et al., Generative AI without guardrails can harm learning
Lee et al., The Impact of Generative AI on Critical Thinking
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