La IA usándola con estos consejos puede resultar muy buena aliada
Reflexiones sobre inteligencia artificial, negocio y criterio humano tras un evento sobre IA. Cómo usar la IA con sentido, evitar el hype y entender su impacto real.
Hoy estuve en un evento sobre negocios e inteligencia artificial. Fui con una doble mirada: por mi aportación en TOTEM Branding como consultor en IA y también por las charlas, proyectos y posibles colaboraciones que pueden surgir con empresas interesadas en aplicar inteligencia artificial de forma práctica.
Me llevo varias reflexiones. Algunas tienen que ver con tecnología, pero muchas más con criterio, humanidad y forma de pensar.
La inteligencia artificial está avanzando a una velocidad impresionante. Aun así, tengo cada vez más claro que aprender IA hoy no depende solo de ir a eventos o cursos. YouTube, por ejemplo, es una mina de oro. Puedes aprender prácticamente cualquier cosa sobre inteligencia artificial gratis si tienes dedicación, curiosidad y constancia.
Pero un evento presencial aporta algo distinto. Escuchar a personas que llevan 20 o 30 años trabajando en negocio, tecnología, comunicación o psicología te da otra perspectiva. Hoy hubo algo que me gustó especialmente: se habló de IA con mucha humanidad.
Y eso me conecta mucho con lo que he aprendido siguiendo de cerca el camino de mi padre, Andy Stalman. Él lleva años defendiendo que la tecnología solo tiene sentido cuando amplifica lo humano. Creo que ese camino ya lo están transitando muchas más personas.
La IA exige saber cuándo usarla y cuándo no
Una de las ideas que más me llevé del evento fue la importancia de decidir bien para qué usamos la IA.
La inteligencia artificial puede ser muy cómoda. Puede acelerar tareas, ordenar información, generar ideas, automatizar procesos y ayudarnos a trabajar mejor. Pero eso no significa que tenga que estar en todo.
Una de las speakers habló de la necesidad de desarrollar una especie de "negación crítica": saber decir sí a la IA en algunas tareas y saber decir no en otras.
Me parece una idea muy potente. Hoy parece que todo tiene que resolverse con IA. Pero hay tareas donde sigue siendo necesario dedicar tiempo humano, creatividad, atención, sensibilidad y criterio propio.
La IA puede ayudarnos mucho, pero no debería ocupar todos los espacios. A veces, el valor está precisamente en pensar, observar, decidir y crear sin delegarlo todo.
Pensar sigue siendo una ventaja competitiva
Otro aprendizaje importante tiene que ver con el pensamiento.
Por comodidad, podemos caer en la idea de que la IA piensa por nosotros. Y ahí está el riesgo. Muchas respuestas generadas por inteligencia artificial suenan bien, son fluidas y parecen correctas. Pero eso no siempre significa que sean útiles, precisas o estratégicas.
Una respuesta puede sonar profesional y, aun así, no aportar valor real.
El problema no aparece por usar mal la IA una vez. El problema llega cuando esto se repite. Cuando una tarea parece hecha, pero en realidad hay que rehacerla. Cuando alguien confía demasiado rápido en una respuesta y después se da cuenta de que no servía.
Ahí la IA deja de ahorrar tiempo y empieza a generar trabajo invisible.
Por eso creo que la clave no está solo en usar herramientas de inteligencia artificial, sino en aprender a pensar mejor con ellas.
La IA facilita el cómo, pero nosotros decidimos el qué
Otra idea que me pareció especialmente útil es entender la IA como facilitadora del know-how.
La IA puede ayudarnos con el cómo: cómo estructurar, cómo investigar, cómo automatizar, cómo redactar, cómo prototipar o cómo resolver una parte concreta de un proceso.
Pero el qué sigue siendo responsabilidad nuestra.
Qué queremos construir. Qué problema queremos resolver. Qué criterio vamos a aplicar. Qué decisión tiene sentido. Qué valor queremos aportar.
Esto conecta con algo que he vivido muchas veces. Cuando intentas crear algo con IA sobre un tema del que no sabes prácticamente nada, es fácil entrar en un bucle. Te atascas, corriges, repites, cambias el prompt, pruebas otra herramienta y acabas pensando que la IA no es tan buena.
Pero muchas veces el problema no es la IA. El problema es que no tenemos suficiente conocimiento para guiarla bien.
No hace falta ser experto en todo. Pero sí hace falta tener una base mínima para saber hacia dónde vas, detectar errores y entender si el resultado tiene sentido.
La inteligencia artificial es un facilitador. Pero facilita mucho más a quien ya sabe algo de lo que está intentando hacer.
Menos hype y más criterio
Otra reflexión vino desde una mirada más psicológica: no creerse todas las noticias sobre inteligencia artificial.
Estamos viviendo una etapa de muchísimo hype. Cada día aparece una nueva herramienta, una nueva predicción, un nuevo titular sobre cómo la IA va a cambiarlo todo. Y es verdad que muchas cosas van a cambiar. Muchas industrias, muchos procesos y muchas formas de trabajar ya están cambiando.
Pero también hay mucho ruido.
Especialmente para quienes somos de la Generación Z, estar expuestos todo el día a novedades puede generar una sensación constante de urgencia. Parece que si no pruebas cada herramienta, si no entiendes cada modelo o si no aplicas cada tendencia, te estás quedando atrás.
Y no siempre es así.
Seguir la evolución de la IA es importante. Pero vivir enganchado al hype puede hacerte perder foco. Hay que estar atento, sí, pero con los pies en la tierra.
No se trata de reaccionar a cada noticia. Se trata de entender qué cambios son realmente relevantes y cuáles pueden aportar valor en tu contexto.
La IA va a cambiar marcas, procesos y relaciones
La inteligencia artificial va a transformar muchas industrias. También va a cambiar procesos internos, modelos de negocio y la forma en la que las personas interactúan con las marcas.
Antes hablábamos de ser visibles en internet. Ahora empieza a aparecer una nueva capa: ser detectados, interpretados y recomendados por agentes de inteligencia artificial.
La relación ya no será únicamente entre persona y marca. También será entre personas, agentes, asistentes inteligentes y sistemas que filtran información antes de que llegue al usuario.
Esto tiene una implicación enorme para las marcas. Si una empresa no sabe explicar bien quién es, qué hace, por qué importa y qué valor aporta, puede perder relevancia en un entorno donde la IA también participa en la decisión.
No quiero caer en una visión catastrofista. Pero sí creo que las marcas tendrán que adaptarse. La inteligencia artificial no solo cambia herramientas. Cambia comportamientos.
Y cuando cambian los comportamientos, cambia también la manera de construir valor.
Invitación a participar
Estas son algunas de las ideas que me llevé del evento. Seguro que cada persona habría extraído conclusiones distintas.
Me interesa saber cómo lo veis vosotros: ¿estáis usando la inteligencia artificial como una herramienta más, como un facilitador real o todavía con cierta distancia?
En próximos vlogs me gustaría compartir también otras visiones sobre inteligencia artificial, negocio, marca y futuro del trabajo.
Gracias por leerme. ¡Nos vemos en la próxima!
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