Hablemos
Volver al blog
Gen Z
Trabajo
Salud Mental

Por qué la Generación Z está cambiando las reglas del trabajo

Seis años, seis trabajos, cinco empresas. Reflexiono sobre por qué la Generación Z rota más, prioriza la salud mental y piensa distinto sobre el trabajo.

9 min de lectura
Por qué la Generación Z está cambiando las reglas del trabajo

La Inteligencia Artificial está cambiando cómo trabajamos. La Generación Z está cambiando por qué trabajamos.

Una transforma las herramientas. La otra cuestiona las reglas. Y creo que la segunda transformación es la que menos se está entendiendo.

Lo digo en parte por experiencia propia. Seis años de carrera profesional. Seis puestos distintos. Cinco empresas. Es el patrón de mi generación, y los datos lo confirman, como voy a mostrar más adelante.

Yo estudié Ingeniería Industrial. Los mejores de mi clase, los que sacaban las mejores notas, consiguieron muy buenos empleos muy rápido. La fórmula de siempre (esfuerzo, mérito, algo de suerte) sigue funcionando para ese 1 o 2% que apunta a la excelencia absoluta.

Para el resto, para los que sacamos buenas notas sin perseguir la perfección, esa misma fórmula ya casi no asegura nada. Ni a nivel laboral ni a nivel personal.

Recuerdo a un profesor que, después de un examen, me dijo casi de pasada que las carreras cada vez piden menos esfuerzo, que los estudiantes cada vez se comprometen menos con las asignaturas. Me sorprendió, porque no sentía que mi carrera fuera fácil.

Pensándolo después, creo que la responsabilidad es de las dos partes. De los jóvenes, que a veces no seguimos el ritmo que marcaron generaciones anteriores. Y del sistema educativo, que no se ha adaptado a la velocidad con la que cambió el mundo en los últimos treinta o cuarenta años.

El resultado es que hoy tener un buen título ya no alcanza. Hay que seguir formándose de forma habitual, y ser autodidacta pasó de ser un rasgo de friki a una de las habilidades más importantes que se pueden tener. En la práctica es más simple de lo que suena: leer sobre un mismo tema desde más de una fuente, no quedarte con la primera versión que encontraste, sacar tus propias conclusiones antes de repetir las de otro, y animarte a cuestionar lo que parece obvio.

Esta idea del autodidacta cobra otro sentido si la conectamos con lo que está pasando a nivel generacional. Si la Inteligencia Artificial es la tecnología que más rápido está obligando a repensar cómo hacemos las cosas, la Generación Z podría ser su equivalente humano: la generación que más rápido está obligando a repensar por qué las hacemos.

Con nuestros defectos, que los tenemos, estamos moviendo sectores enteros y formas de vivir que parecían fijas.

La fórmula que ya no alcanza

Para ver qué tan rápido cambió esto, pienso en una historia como la de Emi Nietfeld.

A los catorce años estuvo internada por un trastorno alimentario. Después pasó por el sistema de acogida y, ya adolescente, llegó a escribir sus ensayos de admisión a la universidad sin techo fijo, sentada en su viejo Toyota Corolla.

Se propuso lo que se propondría cualquiera que quisiera salir de ahí: sacar las mejores notas, entrar a una gran universidad, conseguir un gran trabajo. Lo consiguió. Entró a Harvard, se graduó en 2015 y tuvo una oferta de Google esperándola.

Es la fórmula que nos enseñaron: esfuerzo más mérito más algo de suerte igual a movilidad. Funcionó, al menos para ella.

Lo interesante es que su propio libro, Acceptance, no es la típica historia del ave fénix que se levanta de las cenizas. Nietfeld lo usa para cuestionar por qué necesitamos tanto que estas historias sirvan de prueba de que el sistema funcionaba hace 10-15 años, hoy ya cada vez menos.

En julio de 2026, Nietfeld publicó en The New York Times un artículo sobre esto mismo. Lo recomiendo entero: Gen Z Fell Out of Love With Work. I Don't Blame Them. Si preferís seguir leyendo acá primero, seguimos.

La salud mental como condición

Nietfeld dedica buena parte de ese artículo a explicar por qué, para esta generación, la salud mental importa más que nunca. Usa un ejemplo que me parece perfecto: el de los deportistas de élite.

Su vida útil profesional dura entre 15 y 25 años, según la exigencia física del deporte. Es corta comparada con los 45 años de una carrera laboral normal. Cada año que un deportista se retira o hace una pausa se le va una parte de esa ventana de oportunidades, tanto económicas como de desarrollo.

Aun así, hay deportistas de la Generación Z que decidieron parar. Alysa Liu dejó el patinaje porque dejó de disfrutarlo, volvió después por decisión propia y ganó el oro. Naomi Osaka se negó a hablar con la prensa cuando sintió que le hacía daño. Simone Biles se bajó de varias finales olímpicas en Tokio 2020: del equipo, del all-around individual, de salto, de barras asimétricas y de suelo, y volvió solo para la final de viga, donde ganó el bronce.

Nietfeld lo resume con una frase que me parece clave: hay un límite a los costos personales del éxito.

En julio de 2026, en plena Copa del Mundo, Ferran Torres lo dijo con otras palabras: "cuando estás bien mentalmente estás bien en todo lo demás" (Infobae). El futbolista había atravesado un bache profesional serio, buscó ayuda profesional, y desde entonces separa a Ferran, el futbolista de Ferran, la persona.

Creo que estamos ante una generación que busca autoconocimiento, desarrollo real de habilidades, convertirse en alguien de valor de verdad. Más que fama o admiración.

Un año, un trabajo

Esto se conecta con otro dato que encontré en Xataka, uno de los medios de tecnología y economía que más sigo.

Según el informe de Randstad que citan, la Generación Z dura en promedio 1,1 años en cada empleo. Los millennials, 1,8. La generación X y los baby boomers, entre 2,8 y 2,9. En mi caso se cumple casi al pie de la letra.

Las razones que da el informe se alinean bastante con lo que yo mismo sentí. El motivo principal es la búsqueda de crecimiento y aprendizaje. El 40% de la Generación Z dice tener siempre presentes sus objetivos profesionales al cambiar de trabajo, el porcentaje más alto entre todas las generaciones.

El 68% dice sentirse comprometido con su empleo, pero muchos sienten que sus valores no coinciden con los de la empresa, o que la empresa no invierte en su desarrollo.

En mis cinco cambios de trabajo, casi siempre fue por buscar más aprendizaje. El único que no encaja en ese patrón fue por desalineación de valores.

Hay algo que el informe no menciona pero que yo veo todo el tiempo: cambiar de trabajo sigue siendo, en la práctica, la forma más rápida de hacer crecer un sueldo. Si una empresa confía (y paga) más al que viene de afuera que al que ya está adentro, se termina convirtiendo en un lugar de paso, no de futuro. Y ni que hablar de lo que dice esto sobre la poca confianza que existe en el empleado interno.

Pasa algo parecido con quienes se van a trabajar a otro país y vuelven, en general, a los cuatro o cinco años. Está bien valorar la resiliencia y la capacidad de adaptarse a culturas nuevas. Pero que quedarte en tu país termine leyéndose como sinónimo de estancamiento es algo que vale la pena analizar.

Que los jóvenes seamos los que más rotamos no significa que el resto no lo haga, lo hacen con más margen entre un salto y otro. Esto empuja a las empresas a competir mejor entre sí, pero también hace más difícil construir un sentido real de pertenencia hacia la marca para la que trabajás. El branding y la cultura interna deberían estar más demandados que nunca.

Decir lo que pensamos

Hay otra cosa que cambió, y que quizás se nota menos en los datos: la valentía para decir lo que uno piensa. Sobre un trabajo, sobre una forma de liderar, sobre un equipo que no funciona.

De forma asertiva, con empatía, pero diciéndolo. Las generaciones anteriores muchas veces lo compensaban con más horas y más esfuerzo silencioso. La Generación Z se anima a decirlo en voz alta.

Cuantos más lo hagamos, siempre buscando mejorar y no solo quejarnos, mejor nos va a ir a todos.

Pensamiento crítico, no solo información

Algo que quizás se ve menos, pero que siento en mi propia generación, es que sabemos pensar críticamente. No todos igual, ni siempre al cien por cien, porque seguimos aprendiendo. Pero somos capaces de formarnos una opinión propia sobre las cosas. Y en la era de la IA, eso vale más que nunca.

Me parece curioso que sea justo ahora cuando figuras como Bill Gates hablan de los peligros de la desinformación. En la docuserie de Netflix What's Next? The Future with Bill Gates (2024) llegó a decir que le había "pasado el problema" de la desinformación a la generación más joven.

Mientras tanto, ya hay testimonios que muestran que las mismas plataformas que usamos todos los días fueron moldeadas por intereses ajenos a la verdad. Mark Zuckerberg admitió por escrito ante el Congreso de Estados Unidos, en una carta de agosto de 2024 dirigida al legislador Jim Jordan, que en 2021 el gobierno de Biden presionó a Meta para censurar contenido sobre el COVID, incluido humor y sátira. Dijo que ceder a esa presión estuvo mal, tres años después de que pasara.

Si hasta los que construyen estas plataformas reconocen que la información que circuló estuvo condicionada, tiene sentido leer con criterio propio, comparar fuentes, y no delegar en nadie (ni en un algoritmo ni en una autoridad) la tarea de pensar.

Creo que estamos pasando, como en el círculo dorado de Simon Sinek, del qué hacemos al cómo lo hacemos, y del cómo lo hacemos cada vez más al por qué hacemos lo que hacemos. Ahí es donde las cosas realmente empiezan a tener sentido.

La realidad es que cuanto más dueños nos hagamos de nuestras propias decisiones y de nuestro aprendizaje, más valor real vamos a poder aportar. Y eso se aprende leyendo, probando, teniendo nuevas preguntas y, sobre todo, haciendo.

Por eso les quiero dejar un link para probar una semana gratis de Claude Code (link de referido) y construir o crear lo que se les ocurra, tanto en web como en app. Si recién empiezan, les recomiendo arrancar por Lovable, es más simple. No hace falta que la idea sea millonaria. Con que aprendan algo en el camino, ya vale la pena.

La Inteligencia Artificial está cambiando cómo trabajamos. La Generación Z está cambiando por qué trabajamos. Aprender a hacernos cargo de las dos preguntas es, quizás, lo que nos toca ahora.

Comentarios

Cargando comentarios…

Deja un comentario

0/2000

Email no publicado · Los comentarios son moderados

¿Te ha resultado útil?

Si quieres hablar sobre este tema en tu empresa o evento, me encantaría escucharte.

Contáctame
    Por qué la Generación Z está cambiando las reglas del trabajo | Felipe Stalman