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La mejor manera de aprender es haciendo

Cursos y guías de IA hay de sobra, pero caducan rápido. Por qué ser autodidacta pasó de raro a indispensable, y qué me enseñaron cinco meses de gimnasio.

8 min de lectura
La mejor manera de aprender es haciendo

Desde que empezó el boom de la IA he visto a muchísima gente creando contenido sobre ello.

Primero fueron los vídeos explicativos, los que te ayudaban a orientarte en una industria que trae novedades cada semana. Después vino el contenido en redes contándote todo lo que se podía hacer, para que te hicieras a la idea y no invirtieras tiempo de más en herramientas o soluciones que no te aportaran valor en tu trabajo o en tu vida.

Ahora llegó el momento de las guías y los cursos. Yo mismo creé una guía de introducción a la IA y la tiene cualquiera que la quiera en la sección de recursos. Los cursos también prometen practicidad y utilidad. Pero es inevitable preguntarse: en un año, ¿vas a necesitar otro para estar al día?

Nos acostumbramos a que todo cambie

Creo que estamos pasando por una fase de grandes cambios. Los más jóvenes ya casi nos acostumbramos más a que las cosas cambien constantemente a nivel tecnológico, social, político y económico que a que se mantengan igual.

Eso nos da mucha capacidad de adaptarnos a entornos nuevos y de mirar los cambios desde un lado positivo. También nos hace más impacientes, con más ganas de dopamina rápida, y con menos paciencia para apreciar el largo plazo y el hecho de que lo sólido y lo bueno tarda bastante en construirse.

Nosotros no construimos esto

El otro día escuchaba un podcast en portugués (tratando de aprender, jaja) sobre la Gen Z. Hablaban, entre otras cosas, de la crisis mundial de acceso a la vivienda entre los jóvenes, tanto por capacidad económica como por oferta disponible. Y de que se nos suele criticar bastante por falta de compromiso o por tener una mentalidad cortoplacista, algo que además viene potenciado por las redes sociales.

Lo que me gustó fue lo que decían después: somos la generación que más horas pasa al día con el smartphone, pero nosotros no creamos las redes sociales. Tampoco creamos los smartphones, ni pensamos que esa comparación constante, consciente e inconsciente, nos iba a hacer sentirnos mal con nuestra propia vida a veces.

Y justo esta semana, el miércoles 26 de agosto, Meta cerró un acuerdo de unos 17.000 millones de dólares con 47 estados de Estados Unidos, más Washington D.C. y tres territorios, para poner fin a un juicio que acababa de arrancar en Oakland. La demanda original la habían presentado 29 estados en 2023, y la acusación de fondo era esa: que Facebook e Instagram estaban diseñados para enganchar a los adolescentes y que la empresa minimizó los riesgos.

Vale la pena decirlo con precisión, porque no es una multa. Es un acuerdo extrajudicial y Meta no admite haber hecho nada mal. De ese dinero, unos 12.100 millones son firmes y se pagan a lo largo de diez años; los otros 5.000 solo se pagan si Snap, TikTok y YouTube aceptan condiciones parecidas. Lo que Meta sí acepta son medidas concretas: un límite diario de dos horas por defecto en las cuentas de adolescentes, un bloqueo nocturno que solo pueden levantar los padres, y dejar de mostrar el número de "me gusta".

Esto no creo que sea solo cosa de Instagram. En El dilema de las redes, el documental de Netflix que salió en 2020, ya exponían con bastante claridad cómo los equipos de estas plataformas tenían incentivos para diseñar aplicaciones que retuvieran al usuario el mayor tiempo posible, desde el color vibrante de una notificación hasta generar FOMO. Cuando un producto es gratis, es porque el producto eres tú.

De la inteligencia de negocio a algo que incomoda

Me está pasando bastante seguido. Hablo de algo y antes me aparecían anuncios en Instagram. Vale, la excusa era razonable: anuncios más personalizados, mejor experiencia de usuario. Pero ahora hablo de algo y me aparece contenido justo de eso en TikTok. No anuncios, contenido. Me descargo una app de algo y me aparece contenido de eso mismo.

Aquí quiero ser honesto con lo que sé y con lo que no. No hay pruebas públicas de que Instagram o TikTok graben lo que dices por el micrófono, y las investigaciones independientes que lo han buscado no lo han encontrado. La única vez que una empresa lo puso por escrito fue Cox Media Group, un grupo de medios estadounidense que en 2024 llegó a vender a sus anunciantes un producto llamado Active Listening presumiendo justo de eso. Cuando 404 Media publicó el material, la empresa lo retiró y negó estar escuchando conversaciones. Lo que sí está documentado es que con el rastreo entre apps, la ubicación, tu lista de contactos y lo que hace la gente de tu entorno se puede inferir tanto que el resultado se parece muchísimo a que te estén escuchando.

Y ahí es donde a mí se me mueve algo. Leyendo Small Data, de Martin Lindstrom, me quedé dándole vueltas al tema. Su tesis es que las pistas pequeñas que observas en casa de un cliente valen más que montañas de datos agregados, y a mí me hizo pensar justo en el caso contrario, el que siempre me viene a la cabeza: Target, la cadena de supermercados americana. Su equipo de datos construyó, a partir de unos 25 productos, una puntuación que estimaba la probabilidad de que una clienta estuviera embarazada. Y funcionaba. La anécdota más famosa de esa historia, la del padre que se entera por los cupones que llegan a casa, hoy está bastante cuestionada, pero el modelo era real.

Eso para mí sigue siendo inteligencia de negocio: estás usando tus propios datos de compra para sacar conclusiones estratégicas sobre tu negocio. Cuando el plan pasa a ser inferir de qué hablas por todo lo que rodea al móvil, deja de ser inteligencia de negocio y empieza a parecerse a la vigilancia. Ahí las libertades se cohíben.

Me fui un poco por las ramas, pero no quería dejar de hablar de esto y de escuchar vuestra opinión si os interesa.

Lo que creo que más va a valer ahora

Creo que animarse a probar y a hacer cosas nunca fue tan accesible ni tan barato como hoy. Con un ordenador, una suscripción de 20 dólares (o más, quien quiera pagarla) y una cabeza curiosa con ganas de experimentar, hay pocos cursos ordenados que valgan más que eso.

Lo que antes parecía poco habitual, ser autodidacta, hoy me parece indispensable para cualquiera que quiera hacer algo relevante a nivel personal o profesional. De hecho, si tuviese que empezar a aprender IA hoy, empezaría por ahí.

Un ejemplo muy claro. Llevo cinco meses seguidos con rutina de gimnasio, que es lo máximo que he aguantado en mi vida. La IA me hizo el camino más sencillo en los ejercicios, en la alimentación y en el aprendizaje. Sigo sin ser un experto en fitness, ni de lejos. Pero lo que aprendí sobre cómo entrenar para reducir los dolores de espalda de pasar muchas horas sentado, cómo ganar músculo y cómo bajar de peso, lo que antes me habría llevado quizá seis meses, con la IA lo tuve adaptado a mí en tres como mucho.

Esto aplica a cualquier cosa. Ya llevo varios experimentos encima: descubrir podcasts de lo que me interesa, canales de YouTube, formaciones, libros. También meterme en especialidades que siempre me llamaron la atención pero por las que no sabía por dónde empezar. Creo que cualquier persona con un mínimo de proactividad puede sentirse mejor hoy haciendo muy poco.

El criterio sigue siendo tuyo

Yo no dejo que un algoritmo, un LLM u otras personas decidan por mí. Al menos eso creo. Intento tener criterio, pensamiento crítico y dudar de lo que voy aprendiendo, porque pasamos de aprender solos a tener una especie de asistente muy inteligente que a veces se equivoca y que quiere complacernos resolviéndonos las dudas rápido. Cómo lo hago paso a paso lo conté en el método en 4 pasos que uso para aprender cualquier habilidad con IA.

Ojo, no digo de usar la IA para todo, porque tampoco es plan crear nuevas dependencias o posibles adicciones. Después de todo lo de arriba sería bastante incoherente por mi parte. Pero sí usarla para ciertas cosas y animarnos a probar en este mundo tan grande y tan amplio de oportunidades que es la vida.

Y si estás dudando por dónde empezar, el riesgo real no está en equivocarte de herramienta, está en no experimentar.

¿Vosotros qué opináis de todo esto? Me interesa mucho, sobre todo la parte de las redes.

Gracias por leerme. Un abrazo.

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