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Sabiduría e Inteligencia

La IA ya iguala buena parte de lo que llamamos inteligencia. Por qué creo que la sabiduría, la que nace del error, el contexto y el aburrimiento, va a seguir siendo humana.

6 min de lectura
Sabiduría e Inteligencia

Estamos en medio de una ola grande, y creo que quien no lo esté notando todavía es porque no ha mirado de cerca lo que está pasando con la IA últimamente. La exponencialidad de esta tecnología sube fuerte, más que semana tras semana. Con tanta inversión puesta en eficiencia y en productividad, es fácil dejar de lado los riesgos que vienen de ir tan rápido. Vale la pena reflexionar un poco sobre esto.

Las inteligencias que la IA ya iguala

El concepto de "inteligencia" es más amplio de lo que solemos usar en el día a día. Howard Gardner lo describió bien en los años 80 con su teoría de las inteligencias múltiples: originalmente siete tipos (lingüística, lógico-matemática, espacial, corporal-cinestésica, musical, interpersonal e intrapersonal), a las que después sumó una octava, la naturalista.

De esas siete, la IA ya iguala o supera a la mayoría de las personas en varias: la lógica, la analítica, la matemática, y también en la capacidad de razonar y de aprender. Ahí creo que la tecnología va a terminar superándonos con claridad.

Lo que cambié de opinión

Cuando empecé a dar charlas sobre IA, siempre remarcaba lo mismo: que una IA no piensa como piensa un humano, que el razonamiento que muestran los modelos es una simulación del pensamiento, no el pensamiento en sí, y que la imaginación y la creatividad seguían siendo terreno nuestro. Estaba convencido de que eso no iba a cambiar, y de que ahí, en crear cosas nuevas, iba a estar nuestro valor real en el mercado y en la sociedad.

Sigo pensando que esa parte del argumento se sostiene, al menos por ahora. Hay algo de fondo que creo que cambió: la IA hoy no solo es más productiva que nosotros (puede estar conectada 24/7 mientras haya electricidad), sino que también va a habilitar descubrimientos que sin ella hubieran sido imposibles. Eso también es una forma de creatividad. No sé si la más fuerte que existe, pero es creatividad real.

Sabiduría e inteligencia

Conceptos similares, pero bien distintos.

Estos días estuve leyendo un libro que explica algo que me pareció clave: estos chatbots de IA generativa imitan nuestra forma de comunicarnos procesando lenguaje natural, convirtiéndolo en tokens que después producen palabras de forma probabilística. El resultado es algo nuevo que antes no existía, generado con un proceso que se parece, de lejos, al de una red neuronal biológica.

Y ahí está la distinción que más me importa. El aprendizaje, el razonamiento, la lógica, la matemática, incluso la creatividad que estamos viendo emerger: todo eso la IA ya lo hace o lo va a hacer. Una IA aprende de sus errores y no los repite. Lo que no sé es si eso es lo mismo que la sabiduría que desarrolla una persona de carne y hueso.

Nunca me ha gustado llamar a la IA una simple herramienta. Es algo más grande, un habilitador que puede resolver casi cualquier problema que se te ocurra en el mundo digital, y probablemente pronto también en el físico. Lo que realmente depende de nosotros es decidir dónde usarla y dónde no, sin volvernos dependientes de ella por default, entendiendo bien dónde poner los recursos y dónde no es necesario. La mirada ética y el pensamiento crítico en ese momento toman valores realmente cruciales y muy importantes.

El aburrimiento como cuna de la creatividad

Hay algo que la IA probablemente nunca va a experimentar: emociones, como el amor, la felicidad, incluso el aburrimiento. Y el aburrimiento es justamente la cuna de muchas ideas nuevas. A veces necesitamos aburrirnos para pensar sin estar pensando. Es curioso, pero cuando estamos demasiado obsesionados y enfocados durante mucho tiempo, podemos ser muy productivos y al mismo tiempo perder el rumbo y el sentido común. Inteligencia y sabiduría se complementan ahí.

Con la dosis bestial de picos de dopamina que recibimos por redes sociales, por los likes, por querer gustarle a la gente (y perdiendo un poco nuestra autenticidad en el camino), creo que nos hace falta volver a aburrirnos. Aprender que leer un libro, o directamente mirar al techo un par de minutos, no te convierte en peor ser humano. Simplemente estás descansando la mente de tanto estímulo visual. A veces un buen descanso vale más para tu futuro profesional que una buena jornada laboral.

Dónde gana cada uno

La cooperación entre IA y humanidad es, para mí, el límite real de hasta dónde puede llegar esta tecnología, ahora y en el futuro. En procesamiento masivo de datos, lógica, razonamiento y eficiencia, la IA va a ganar. No va a haber demasiada competencia posible ahí, y hay que tenerlo claro.

Donde creo que seguimos ganando es en lo que requiere comprensión profunda, juicio ético, sentido común y conciencia del contexto humano. Creo que son los puntos donde más nos falta potenciar a las máquinas, y donde más puede llegar a sobrarnos a los humanos si lo trabajamos y nos esforzamos por ello. Una IA no siente sufrimiento, empatía, fracaso, mortalidad o emociones, al menos por ahora. Puede simular muy bien la imagen de alguien empático, pero eso no es lo mismo. Creo que ese recordatorio también sirve para nosotros: vivimos en una sociedad bastante individualista, y no deberíamos dejar de tenderle la mano a quien la necesita solo porque hoy resulte más cómodo no hacerlo, siempre que tengamos la energía real para hacerlo sin desgastarnos de más. Tampoco se trata de dejar que cualquiera te tome del brazo. Saber a quién ayudar es también un arte, y cuando ayudamos a alguien que sabemos que de verdad lo va a agradecer, eso significa mucho, tanto para quien recibe la ayuda como para quien la da.

Con el contexto pasa algo similar: un algoritmo puede darte la respuesta más eficiente, pero eficiente no significa la mejor respuesta, ni en cómo se llega a ella ni en el resultado final. Una IA puede analizar 100.000 casos en unas horas, algo que a una persona le llevaría diez años. En velocidad, no hay comparación posible. Pero la empatía no se transmite solo con palabras, también con lo que se siente y se percibe. Ahí creo que las personas seguimos teniendo ventaja: mejores conclusiones, mejores reflexiones, sobre todo frente a una IA que puede estar demasiado enfocada en un solo objetivo y perder de vista el contexto completo.

Para cerrar

Va a ser un debate interesante en los próximos cinco o diez años. Para mí, la sabiduría va a seguir siendo muy humana. La inteligencia va a ser humana y tecnológica a la vez. Con las dos combinadas, sí creo que el mundo puede evolucionar de verdad, y a mejor.

Como bien dice Yuval Noah Harari sobre la carrera por dominar la IA: no debería ser la competencia la que marque la velocidad a la que avanzamos, sino definir una velocidad que nos permita hacerlo de la mejor manera. Si nuestras inversiones no se enfocan solo en eficiencia y productividad, sino también en seguridad y en no ir demasiado rápido, el mundo puede ser un lugar mejor para todos.

¿Vosotros dónde ponéis el límite entre inteligencia y sabiduría?

Gracias por leerme. Un abrazo.

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    Sabiduría e Inteligencia | Felipe Stalman