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La ventana se está cerrando: OpenAI, Google y Anthropic firmaron la misma carta el mismo día

Más de 100 organizaciones que compiten entre ellas firmaron el mismo aviso sobre los ciberataques con IA. Qué dice, por qué ahora y qué significa para tu empresa.

11 min de lectura
La ventana se está cerrando: OpenAI, Google y Anthropic firmaron la misma carta el mismo día

El 27 de agosto pasó algo que no pasa prácticamente nunca. OpenAI, Google, Anthropic y Microsoft firmaron el mismo documento el mismo día.

Estas cuatro empresas, que se pelean y compiten por todo (clientes, ingenieros, chips), firmaron juntas una carta abierta, con más de cien organizaciones más detrás: Amazon, Cloudflare, IBM, Oracle, CrowdStrike, y bancos como BBVA o Citi. La lista sigue creciendo, porque el documento todavía admite nuevas firmas.

Cuando gente que compite así se pone de acuerdo en algo, suele ser porque hay un incendio.

También llama la atención quién no está todavía. Meta, Nvidia y Apple, por destacar las más importantes que no la firmaron.

¿Qué ha pasado exactamente?

La carta se titula A call for collective action on cyber defense (una llamada a la acción colectiva en ciberseguridad) y dice tres cosas:

  1. Que la seguridad tal y como la hacemos hoy en internet no va a alcanzar.
  2. Que hay que poner herramientas de IA en manos de los que defienden a otros.
  3. Y que esto hay que hacerlo entre todos, cuanto antes mejor.

La frase que lo resume todo es:

"En los próximos meses, los ciberataques con IA van a ser mucho más habituales y sofisticados, a medida que los modelos de todo el mundo sean más capaces".

Dicho sin tecnicismos, hasta el día de hoy, para colarse en los sistemas de una empresa hacía falta una persona con tiempo, conocimiento y paciencia, probando puerta por puerta a ver cuál cede. La IA convierte eso en algo que se puede hacer en miles de puertas a la vez, mucho más rápido y prácticamente sin descanso.

La otra mitad de la noticia es la parte buena. Exactamente la misma herramienta sirve para revisar tus propias puertas antes de que las pruebe otro.

¿Por qué se anuncia ahora?

Porque hace tres semanas, el 10 de agosto, OpenAI sacó un modelo especializado en ciberseguridad. La diferencia con los modelos normales se entiende: cuando le pides a un ChatGPT corriente que te ayude a buscar fallos de seguridad, por lo general te aparece un mensaje del tipo "esta solicitud no cumple con nuestras políticas de uso".

Esto se debía a que la IA no tiene forma de saber si eres el que protege el sistema o el que lo quiere romper. En las pruebas internas de OpenAI, el modelo general aceptaba el 1,5% de esas peticiones. El nuevo acepta el 95% de las peticiones de este estilo. El acceso está limitado a organizaciones verificadas.

Es la capacidad de siempre, con el freno quitado para quien está autorizado.

Y no se quedó solo en teoría. Lo pusieron a buscar fallos en Chrome, el navegador que usa cerca del 70% de quienes navegan por internet, y encontró dos que no conocía nadie y que, encadenados, permitían saltarse las protecciones configuradas. Google ya los corrigió. Para quien lo quiera comprobar, el registro público es CVE-2026-15903.

Esto ya había pasado antes con Claude. En abril de este año Mozilla le dio acceso anticipado a Mythos, y el modelo encontró 271 fallos en Firefox, de los cuales 180 eran de gravedad alta. Ese mes Mozilla acabó parcheando 423 vulnerabilidades, unas veinte veces su media mensual del año anterior, que estaba en 21. Así que OpenAI ha tardado, pero se puso al nivel que Anthropic ya tenía en abril. ¿Habremos llegado al punto en el que los modelos no puedan mejorarse mucho más? O quizás la mejora tenga que ir en otra dirección, priorizando seguridad y alineación por encima de productividad.

La ventana de los defensores

La ventana de los defensores, "the defender's window" como lo llama OpenAI en la carta, es el periodo en el que la inteligencia artificial le da más ventaja a quien defiende un sistema que a quien lo ataca.

¿Por qué le sirve más al que defiende? Porque ya sabe dónde están sus sistemas, tiene el código, tiene los accesos y puede revisarlo todo desde dentro. El que ataca primero tiene que encontrarlo. Eso da una ventaja, aunque parece que no es suficiente.

Esa ventaja tiene fecha de caducidad, aunque nadie sepa cuál, porque estas capacidades se abaratan y se reparten muy rápido. De ahí el nombre: hay una ventana abierta para arreglar lo que está mal, y se cierra en cuanto arreglarlo deje de ser una ventaja. Meses o un par de años, dice la carta. No parece haber consenso.

¿Esto le afectaría a mi empresa?

Sí, y probablemente menos debido a la IA de lo que parece.

Lo hemos hablado varias veces con Andy en Stalmanía: la IA amplifica lo que ya haces, para bien y para mal. Si tienes orden, procesos claros y una idea sensata de qué información es delicada, la IA te multiplica eso.

Si os pasáis contraseñas por WhatsApp como si fuera inofensivo, si nadie se acordó de quitarle los accesos al que se fue hace seis meses, si cada uno guarda las cosas a su manera, la IA también multiplica eso.

El ejemplo más claro es reciente, ocurrió en España, y no tiene nada que ver con la inteligencia artificial. En abril de 2026, Basic-Fit hizo público que alguien había entrado en su base de datos de socios. Cerca de un millón de personas afectadas en seis países, España entre ellos. Quedaron expuestos nombres, direcciones, correos, teléfonos, fechas de nacimiento y, en parte de los casos, el número de cuenta bancaria.

No se expusieron las contraseñas ni los documentos de identidad, y la empresa asegura que detectó y cortó el acceso en minutos. Aun así, la OCU tuvo que avisar a los socios de que iban a recibir llamadas y mensajes haciéndose pasar por el gimnasio o por su banco.

Ese ataque no necesitó usar IA. Y ahí está la cuestión: si esto ya pasa sin IA, lo que dice la carta es que a partir de ahora va a pasar más veces y más rápido.

Y aquí hay una confusión muy extendida que conviene deshacer, porque la línea no está donde casi todo el mundo cree. No está entre un plan gratis o de pago. Está entre una cuenta personal y una cuenta de empresa.

Un plan personal de pago, de los de veinte euros al mes, sigue siendo una cuenta personal. Por defecto, lo que escribes ahí se puede usar para entrenar el modelo, y para evitarlo tienes que entrar en los ajustes y apagarlo a mano. Las cuentas de empresa vienen justo al revés de fábrica. Los planes de equipo, los enterprise y el acceso por API no entrenan con tus datos salvo que alguien lo active a propósito.

También cambia cuánto tiempo se guarda lo que registras en tus chats. En una cuenta personal con esa opción activada, la conversación puede quedarse años; por API se habla de días, y en los contratos grandes se puede pedir que no se guarde nada.

Lo digo porque el escenario que más me encuentro es justo el peor. Un equipo entero usando IA a diario con cuentas personales de pago, convencidos de que por pagar están cubiertos. Están con el interruptor activado donde no les conviene, y cambiarlo son dos minutos. Dejé la ruta exacta de las tres herramientas aquí: cómo hacer que la IA no use tu información. Ojo con Gemini, que funciona distinto a los otros dos.

Aun así, eso no te exime de pensar con criterio. ¿Significa que no puedas pasarle el nombre de un cliente o los datos de un proyecto? No. Significa que lo verdaderamente confidencial, eso que no querrías ver en un correo reenviado por error, probablemente convenga que lo siga manipulando solo una persona, no un servicio ajeno. Sentido común, que es justo la parte que más se salta todo el mundo.

¿Y si lo que estoy construyendo con IA no es seguro?

Aquí me toca contar algo personal.

En uno de mis proyectos, hecho en buena parte con ayuda de la IA, protegí con una contraseña una zona privada del sistema. Comprobé la contraseña, funcionaba, y me quedé tranquilo. Hace unas semanas me senté a revisarlo en serio, porque nada mejor que una revisión de vez en cuando, también con ayuda de IA, y encontré dos cosas.

  1. La comprobación estaba escrita de tal forma que si la contraseña dejaba de estar configurada en el servidor, el sistema no bloqueaba a nadie. Dejaba pasar. Un candado que, si le quitas la llave, se abre solo.

  2. Esta era aún peor. Había una parte del sistema que llamaba a un modelo de IA y se había quedado sin ninguna comprobación de acceso. Cualquiera que supiera la dirección podía haberla usado desde su ordenador y gastar mi cuenta de IA a mi costa, sin límite, y yo no me habría enterado hasta ver la factura.

Sobre la primera, que es la que más me sorprendió: la contraseña no vive en el código, vive en un ajuste del servidor. El código comparaba lo que enviaba el visitante contra ese ajuste, y si el ajuste no estaba puesto, la comparación era entre dos cosas vacías. Vacío contra vacío da "coinciden", así que la puerta se abría sola. Para que eso ocurra no hace falta un ataque, basta un despiste: despliegas el proyecto en un entorno nuevo y no copiaste los ajustes, alguien lo borra del panel haciendo limpieza, o cambias la contraseña y el despliegue cae justo en medio. El arreglo fue que la comprobación falle cerrada, o sea que si falta el valor deniegue en vez de dejar pasar.

Ninguna de las dos llegó a provocar consecuencias y las dos están arregladas. Pero el detalle que importa es otro: llevaban meses ahí, yo me dedico a esto, y no las vi. Aparecieron cuando le pedí explícitamente a una IA que buscara lo que estuviera mal.

Esa es la tesis de la carta muy resumida. Construir se ha vuelto a piece of cake, como dicen los anglosajones, y por eso hay mucha más gente construyendo. Revisar lo construido se ha vuelto igual de fácil, pero solo si te acuerdas de hacerlo. Y casi nadie se acuerda, porque cuando una cosa funciona no parece que haya nada que mirar ni tocar.

La parte incómoda también hay que decirla

La misma empresa que avisa del incendio lleva tres semanas vendiendo extintores. El modelo de ciberseguridad salió el 10 de agosto, su programa de acceso ya se puede contratar a través de Amazon, y la carta es del 27. Engadget fue directo y la llamó un anuncio alarmista disfrazado de servicio público.

Yo no llego tan lejos, pero tampoco me lo trago entero. Si esto fuese solo marketing de OpenAI, ni Anthropic ni Google lo firmarían, porque son justamente los que pierden si OpenAI se queda con el relato. Que compitan como compiten y aun así firmen lo mismo el mismo día es, para mí, la parte que hay que mirar. El mensajero puede tener intereses, pero eso no convierte el mensaje en mentira.

Lo que hay que llevarse

Que la seguridad en internet dejó de ser un asunto del departamento de TI y pasó a ser una decisión estratégica que engloba a toda la compañía. La excusa de "no tengo presupuesto para esto" se acaba de quedar sin argumento, porque la revisión que antes exigía un consultor caro hoy la puedes empezar tú en una tarde. No será igual de efectiva, pero ya es un avance.

Esto va menos de tecnología de lo que parece, y más de orden. De saber qué tienes, quién entra, qué información es delicada y qué se queda fuera de la máquina. La IA no arregla el desorden, lo acelera. Es lo mismo que decía hace unos días sobre aprender haciendo: la herramienta amplifica a quien la usa, en la dirección en la que ya iba.

Es una conversación que estoy teniendo mucho últimamente con equipos de dirección, y de las que acabo llevándome a los escenarios, porque no es un tema de informáticos.

La ventana está abierta. Nadie sabe cuánto.

¿Crees que la ciberseguridad tendría que tener su propio departamento, viendo cómo vienen las cosas?

Gracias por leerme. Un abrazo.

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